Recuerdos de un ánima 37

viernes, 18 de mayo de 2012


Sueños de Plata 7

Pasaban los días y la primera noche de luna llena del mes se acercaba. Mis noches seguían siendo cada vez más perturbadoras. Seguía soñando con aquel animal, incluso a conectar con él. Comenzaba a sentir lo que el sentía en cada ataque, en cada cacería. Me sentía bien cuando soñaba. Me sentía viva, libre.
-Esperemos que este plan de resultado – comentaban los cazadores que andaban ya algo desesperados por matar a la bestia. No había atacado a ser humano todavía, pero estaba preocupados porque una bestia andaba fuera de su control y no la podían dominar. Ilusos.
-Tenemos cerca de un millar de perros bien entrenados para matar al lobo. Aunque no sean más fuertes, el factor número tiene que superarle y aniquilarle.
-No se por qué tenéis tanto afán con matar a esa criatura – comencé a decirles – no os ha atacado, dejadla vivir.
-Ha estado rondando el castillo, está incontrolable.
-No. Que vosotros no podáis controlarla no significa que sea salvaje. Tenéis la necesidad de tener bajo vuestro control todo lo que os rodea, y si no, os sentís amenazados. Queréis exterminar todo lo que no esté a vuestro favor, y eso os pasará factura muy pronto.
-Pero Luna...
-Luna tiene razón – me defendió por primera vez Varus.- Solamente os sentís amenazados. Yo no le tengo miedo al lobo pero no entiendo por qué ronda el castillo. De todos modos, seguiremos adelante con el plan.

Ese plan no les daría resultado, lo sabía, no estaba muy segura de por qué, pero lo sabía.
Esa noche el sueño fue diferente. Sentía el aire en mi cara cuando el lobo corría y dolor cuando se golpeaba. Vi como poco a poco, una nube de perros se iban acercando a él, abalanzándose sobre su cuerpo y mordiéndole en el lomo, las patas. Iban a masacrarle pero en un arrebato de furia, no podría decir si era mío o de él, consiguió acabar con todos ellos. El siguiente paso era huir y recuperarse.
-Es increíble el poder de esa bestia – comenzaron a decir a la mañana siguiente. Estaban de pie frente al montón de perros muertos.
-Hay que quemarlos o atraeremos a más animales carroñeros.
-Luna no está en su habitación – anunció de repente un hombre. ¿Me había ido a buscar a mi habitación? ¡Qué indecente!
Por miedo a que el animal hubiera acabado conmigo, comenzaron a buscarme a través del bosque pero no me hallaron. Toda la mañana mi búsqueda se tornó inútil. Tan inútil que no se dieron cuenta que yo seguía en el castillo, pero malherida en las cuadras.
-¡Aquí, rápido! – gritó el dueño del collar al encontrarme. El primero en llegar tras esa voz fue Varus.
-Está malherida, mirad su espalda.
-El lobo la ha atacado. Son marcas de arañazos.
-No se como ha podido sobrevivir.
Aunque me hallaba inconsciente, podía escuchar todos los pensamientos y conjeturas de aquellos hombres.
-Dejémosla descansar. Sus heridas ya están cicatrizando. Se recuperará pronto.
Y en brazos de Varus, fui conducida a mi cuarto.

Me desperté a la hora de la cena, ya de noche. Necesitaba lavarme y quitarme toda la sangre que las heridas me habían dejado. No podía entender como el lobo me había atacado si teníamos una conexión. Tampoco la razón de que hubiera sobrevivido. Era un misterio que estaba dispuesta a resolver.

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